martes, 22 de octubre de 2013

La noche estaba fría (1ª parte, colaboración de mi amigo R)


Bueno, ha llegado el día. Mi amigo, el de la colaboración especial, me ha dicho que la siguiente entrada que publicase (O sea sé, ésta) sería la número 100!!!! La verdad es que no me había dado cuenta.  Así que para celebrarlo, es en esta en la que vamos a meter la primera parte de su colaboración. 

Es un relato especial. Él me decía muchas veces que cuándo iba a subir algo relacionado con ésto y yo le dije que me era imposible. Que no podía salir de mi cabeza algo así. Y él me propuso hacer uno y yo subirlo y le dije que  ¡¡por supuesto!! 

Yo lo acabo de terminar de leer y es....buaaaff... TELA. Además es difícil soltar todo lo que tienes dentro en un relato que sabes que van a leer algunas personas que te conocen muy bien. Y él se ha saltado toda esa vergüenza y ahí está el tío, que vaya descripciones... Lo malo es que yo conozco a estos dos individuos y, sin querer, lo imaginaba. Y la verdad es que no es agradable, jajajaja (con cariño, tú me entiendes, R.). 

Pero luego me perdía en las descripciones tan maravillosas de....en fín , cuando lo leáis entero, haré un comentario mejor. 

Espero que os guste. ¡¡A mí me ha encantado!! Y más sabiendo que está basado en una historia real. (Bonita fue Zamora, no maldito??).

Y además tiene muchas FRASES que marcan.  FRASES MÍTICAS. Sí sí, de esas que lees y te quedas..."waaau...¡¡¡me la apunto!!!"

Sin más os dejo con la primera parte de su relato, porque no sé qué más poner y porque en mi cabeza todo esto quedaba mejor explicado. Jejeje. ¡¡¡Disfrutad!!!
 



La noche estaba fría. Supongo que es normal, a pesar de estar en verano, cuando te encuentras en Zamora. Sin embargo, su mano me transmitía todo su calor. Levanto la mirada, ya que él es más alto, para encontrar su sonrisa. Llegamos a la cálida habitación del hotel después de estar de fiesta por la ciudad; él había vuelto a España y había mucho que celebrar; especialmente el uno con el otro. Estaba cansado, y me tire en la cama después de coger el portátil para poner algo de música. Que estuviera cansado no significaba que quisiera dormir. Me gustaba permanecer allí sin hacer mucho y observar que es lo que hacía, su pelo rubio y que comenzaba a rizarse según crecía, sus manos, sus largas piernas, su espalda ancha…

Él esta tumbado junto a mí, mirando el ipod touch. Solo pensar que su cuerpo está junto a mí hace que me sienta especial, su cuerpo siempre tan caliente, tan suave, con ese olor que hace que se me nuble la mente… y verlo allí, tumbado, con su camisa, y con sus largos dedos tocando aquella pantalla, solo hacía que me dieran ganas de sentir como sus dedos cambiaban de juguete mientras yo le arrancaba la ropa. Pero no sabía si tirarme a su cuello de nuevo; llevábamos así cinco días, en los que no había momento alguno en el que, estando en aquella habitación, diéramos rienda suelta a nuestros deseos más escondidos. Si aquella habitación hubiera tenido cocina, solo hubiéramos comida huevos y salchichas. Aunque en cierto sentido, llevábamos una semana alimentándonos con ello a nuestra manera.

David, que así se llama, finalmente se levanta, me quedo observándolo detenidamente de reojo a pesar de que me da la espalda mientras se dirige al armario; lo abre y saca unas calzonas que deja en la cama; acto seguido comienza a desabrochar su camisa azul marino.

- “¿Se puede saber qué haces?” – pregunto de forma cortante y mirándole irritadamente.

David se queda paralizado por mi reacción con sus manos en el segundo botón de la camisa. No dice nada, solo me mira extrañado. Es entonces cuando me levanto y me dirijo hacia él.
- “Esto es trabajo mío…” – le digo mientras quito sus manos y agarro el botón para desabrocharlo a la par que le miro con deseo.

Él no me dice nada, pero veo como sus ojos se dirigen rabiosos a mis labios, noto como me comería con la mirada si pudiera hacerlo, pero solo se atreve a poner sus manos sobre mi cintura. Sigo desabrochando el tercer botón lentamente, y comienzo a ver su torso en el que me gusta perderme. Cuarto botón, le dejo un beso en los labios. Quinto botón, mis labios se aprietan a los suyos. Sexto botón, mi lengua entra en busca de la suya en su húmeda y caliente boca. Mis manos se abren camino entre su ropa buscando su espalda mientras el beso se intensifica a la vez que el me estrecha contra su torso ya desnudo. Hago que se ponga de espaldas a la cama sin dejar de disfrutar del contacto de sus labios, que solo separo cuando de un empujón lo tiro en la cama. Me subo sobre él, le lanzo una mirada lasciva, mientras dejo caer mis nalgas sobre su paquete para después recorrer su pecho con mis manos despacio, haciendo algo de presión. Es entonces cuando él me agarra por los brazos y hace que me tumbe sobre él. Me dejo caer sobre su cada vez más caliente cuerpo. Mis manos se pierden por su pelo rubio mientras mi boca sale en busca de la suya, para después pasar a su oreja donde dejo caer un pequeño mordisco de deseo sabiendo que su respuesta es ese leve gemido de placer que tanto me pone y que me incita a bajar por su cuello en busca de mucho más de ellos.

- “Rubén…” – susurra suavemente en mi odio. Me incorporo y tras quitarle el cinturón empiezo a desabrochar el pantalón (esa fea manía de colocar botones en lugar de cremallera y que me aleja de su parte más intima) mientras él desabrocha casi a tirones los botones de mi camisa blanca.

Es cuando voy a meter mi mano en su hinchado (y por la mancha del bóxer seguro que húmedo) paquete cuando se incorpora y me abraza sin quitarme la camisa. Dejo que nos fundamos en ese abrazo. Me encanta cuando se pone así, tan tierno, tan adorable; es como un niño pequeño; hace que me den ganas de dormir junto a él toda la noche y mimarle. Y justo me doy cuenta.....


3 comentarios:

  1. Buenas y calientes noches!!
    Al fin me dejas colaborar en tu blog, que tenía muchas ganas de hacerlo (eso y otras cosas, pero ya te las haré más en privado). Es todo un honor y una gran satisfacción poder tener un pequeño rincón donde depositar algo de mí (cuidado, no te maches... o saborealo si quieres). De verdad, muchas gracias. Solo puedo desearte lo mejor en este espacio y que a tus seguidores les haga disfrutar tanto como a mí mientras lo escribía.
    Un beso nena.

    ResponderEliminar
  2. Jajajaja pero serás cabróon!! Cómo que "Al fín me dejas"!! Si eras tú quien no lo escribía! No confundas a la gente, anda.

    Vaya telaaa...VAYA TELA!!! jajajaja. Ya ajustaremos cuentas por esto.

    Gracias a tí. :)

    ResponderEliminar
  3. Bueno, este blog se va volviendo cada vez más interactivo. Ahora una historia uranista, y eso, qué quieres que te diga, impone.
    Ya de entrada me ha gustado que la acción se situara en Zamora, una ciudad en la que he estado dos veces y que me inspira sensaciones muy variadas.
    Leyendo una historia de tema hetero, uno puede acordarse de muchas parejas célebres, pero con una historia de tema homo, uno piensa, inevitablemente en Adriano y Antínoo, y todo lo que éstos traen a la mente.
    Sí que es duro contar -y leer- cosas reales de personas reales, pero bueno, hay que ponerse.
    De momento, el principio no está mal. A ver la continuación.

    ResponderEliminar