domingo, 27 de octubre de 2013

La noche estaba fría (3ª parte, colaboración de mi amigo R)

Una de sus manos juega con mis testículos, la otra sujeta lo poco que queda de mi polla fuera de su boca. La saco lentamente. El gime casi quejándose de que le quite su juguete preferido, ese juguete que ha esperado más de año y medio y que por fin puede disfrutar sin nada que lo impida. 


            Me levanto, bajo de la cama para tirar de sus piernas y colocarle en el centro de la gran (y de calidad, ya que lleva una semana bastante movidita y ahí sigue) cama de matrimonio. Me encanta verle desnudo por completo, con las piernas abiertas y su polla dura pidiéndome a gritos que le haga cualquier cosa. Rodeo la cama, le beso, me subo y me coloco de forma que su cabeza quede entre mis piernas para así lograr meter mi polla en su boca. Tan rápido como siento que lame con ganas todo mi miembro, me tumbo sobre él para acaba en un sesentaynueve que nos preparará para lo próximo. Noto como me da una cachetada en el culo para después apretármelo con sus manos cuando juego de nuevo con sus gordas bolas. Es entonces cuando me decido a bajar un poco más… 

            Sigo lamiendo hasta llegar a su ano. Lo acaricio con la punta de los dedos, lo rozo con la punta de mi lengua… siento como David sigue entretenido con mi polla que se pone a cada instante más dura (jamás pensé que podría llegar al punto de sentir como casi explota mi polla de lo dura que se me pone cuando me la come). Pero debo resistir, quiero primero jugar con su culo antes. Comienzo a introducir un dedo, despacio, sin prisas, disfrutando del gemido que intenta ahogar comiéndome los huevos. Al fin entra entero. Toco las paredes de su interior, lo muevo dibujando círculos dentro de sí, luego lo saco algo para volver a introducirlo hasta el fondo… sigo así un rato más, cada vez más ligero, hasta que decido meter un dedo más. Siento en el resto de mi cuerpo como el calor corporal de David aumenta por momentos y como su polla se aprieta dura y mojada contra mi cuello. Entonces lo noto. Inesperadamente se me escapa un gemido de placer. Sentir aquello hace que un escalofrió me recorra el cuerpo. David acababa de comenzar a lamer mi culo de esa forma alocada que solo él sabe. Puedo sentir cómo, si pudiera, metería su lengua dentro de mí. Y no es que no lo intente. Le encanta empujar en mi ano con la punta caliente, mojada y suave de su lengua… lo peor es que podría correrme del gusto. 

            Tras un largo rato así en el que seguramente perdí la noción del tiempo se detiene. 

- “Rubén…” – dice jadeando.
- “No pares… ¿qué te ocurre?” – le digo sin dejar de jugar con su culo.

Hace que me quite de encima de él. Me quedo tumbado en la cama esperando a ver que pretende. Se sienta sobre mí. 

- “No puedo más…” – dice con esa sonrisa inocente que no logra ocultar el trasfondo pícaro. “Necesito sentirla dentro”

- “¿Quieres qué te la meta?” – pregunto a pesar de la obviedad, pero me gusta que me pida estas cosas y ver como se sonroja y aparta la mirada mientras me pide que se lo haga.

- “Por favor”

- “Cuando quieras nene” – le susurro.

Es entonces cuando agarra mi polla para colocarla en la entrada de su cuerpo. Noto en mi carne su calor, pero sé que en el interior me espera mucho más. Se comienza a deslizar suavemente, a la par que David se deja caer poco a poco sobre ella. Veo en su cara la concentración, como intenta relajarse para que mi miembro  entre en él. Me gusta tocarle en este momento su polla, algo menos dura por la concentración en su culo. Justo en ese momento lo siento. David gime mientras yo cierro los ojos para centrar toda mi atención y mi sensibilidad en mi pene.

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